Delicias

¡Bendice, alma mía, al Señor!

Los Salmos son cánticos, canciones que se entonaban en ocasiones especiales por el pueblo y en su liturgia común.

Jorge Meléndez

sábado, 09 enero 2021 | 14:58

Los Salmos son cánticos, canciones que se entonaban en ocasiones especiales por el pueblo y en su liturgia común. Son cantos que reflejan y proclaman las grandes obras hechas por el Señor; tenemos cantos de alabanza, de restauración, de victoria, de arrepentimiento, entre otros. Hoy me gustaría meditar en los dos primeros versos del Salmo 103. Su autor es David. Es muy común que al ser cantos fueran un llamado al pueblo para adorar y bendecir a Dios; pero aquí, es diferente. El mismo autor llama a su propia alma a bendecir a Dios y, al igual que él, debemos llamar a la nuestra. Mira lo que dice el Salmo: “Bendice alma mía, al Señor, y bendiga todo mi ser su santo nombre. Bendice, alma mía, al Señor y no olvides ninguno de sus beneficios”. En primer lugar, me gustaría explicar qué es bendecir. Bendecir es una expresión que es usada ampliamente en varios aspectos en la vida cotidiana y aun en el sentido bíblico. Indica desde un saludo hasta una maldición. El salmista dice: “Bendice alma mía al Señor”. Hay varias palabras en el hebreo (Idioma del Antiguo Testamento) que son traducidas como bendecir, pero en esta ocasión, solo nos centraremos en el sentido que se usa aquí. En español la palabra bendecir se desprende del latín “benedicere” compuesto de “bené” bien, y “dicere” decir. 

Por lo tanto, se refiere a engrandecer, elogiar, ensalzar y enaltecer a algo o a alguien. ¡Qué hermosa eres! esto es un elogio, una alabanza. Estoy bendiciendo. En el idioma hebreo que es el idioma del Antiguo Testamento la palabra usada es “barak”, que tiene que ver con arrodillarse. No solo por arrodillarse, sino que indica un reconocimiento del honor acompañado de palabras. Por esta razón varias versiones traducen la palabra “barak” como “alabar”. Por ejemplo, la NVI dice: “alaba, alma mía, al Señor”. Así que, bendecir significa alabar reverentemente al Señor. Aquí David no dice: “Pueblos todos bendigan o alaben al Señor” cómo lo hace en otros salmos; aquí se llama así mismo, llama a su alma a alabar a Dios. ¡Bendice, alma mía, al Señor! En segundo lugar, veamos que es un llamado para una alabanza íntegra. Es común encontrar a David hablándose a sí mismo. El Salmo 42 dice: “¿Por qué te abates alma mía y por qué te turbas dentro de mí?”. En el Salmo 25:1 dice: “A ti, o Señor, levantaré mi alma”. David como el gran cantor que era, sabía que la adoración no era en primer término dirigir una asamblea o un grupo de cantores a reconocer, aclamar y alabar al Señor. ¡No! El primer acto de un adorador es llevar a su propia alma a alabar al Señor. Es fácil motivar, animar, a otros, y estar olvidándote de ti. David lo sabía, y por eso, ahora decía: “Bendice, alma mía, al Señor”. 

La mayor prioridad es que todo nuestro ser lo alabe. David continúa diciendo: “Y bendiga, todo mi ser su santo nombre”. Aquí tenemos un paralelismo que refuerza la idea que David quiere dejar y, que indica que debemos alabar a Dios con todo lo que somos internamente y todo lo que hacemos externamente. Aquí tenemos la adoración completa. Nuestro interior y exterior exaltando a Dios. Es común ver que muchos bendicen a Dios con su boca, pero lo maldicen en su corazón. Tu y yo podemos decir que amamos a Dios, por traer un crucifijo, ir a la iglesia, o incluso prestar atención cuando un amigo nos habla de Él. La idea aquí va más allá: ¿Está tu corazón deleitándose en Dios más que en el pecado?. Decimos que creemos en Dios, pero en nuestro corazón atesoramos el pecado y mostramos rechazo a sus mandamientos y a su voluntad. ¿Cuántas veces no hemos elogiado a alguien que nos “cae mal”? En Facebook leemos las publicaciones de las “amigas”: ¡Qué bien te ves amiga!… ¡Ay, amiga tu más! Y en el corazón hay envidia, rencor, etc. Igualmente podemos estar diciendo: “gracias Dios” y nuestro corazón estar vacío de adoración y verdadero agradecimiento. Por eso las palabras de David: “Bendice, alma mía, al Señor, y bendiga todo mi ser tu santo nombre”. Esto es una alabanza íntegra, donde lo externo corresponde a lo interno y viceversa. ¿Es así en tu vida? Finalmente veamos que David muestra un compromiso con esa alabanza íntegra. No se conforma con aparentar o con una alabanza a medias; él desea que su todo su ser alabe a Dios y la razón es que Dios merece todo. 

Muchos tenemos una relación con el Señor y aunque no lo decimos así, pero si lo habláramos sería: “Dios: puedes tomar el control de todo, pero no de esto”. “¡Quiero adorarte con toda mi vida!... pero no con esta”. No lo decimos así ¿verdad? Pero hacemos esto: “Te obedezco en un área, pero en otra me resisto”. “Quiero adorarte con mi voz”. Esto lo escuché de una joven que iba a la iglesia y que tenía vicios y adicciones ocultos. Muchos de nosotros tenemos una vida segmentada, adoramos a Dios en unas áreas y en otras no. David estaba comprometido con que “toda su alma” y tal era su compromiso que procuraba atención a no olvidar los “beneficios” recibidos de Dios. Él quería ser agradecido. Este debe ser el compromiso de todo creyente y aun del no creyente que a pesar de rechazar o negar a Dios, ha recibido beneficios que veremos la próxima semana. Hoy te quiero invitar a que hagas un análisis propio y como el autor del Salmo te llames a bendecir al Señor. El análisis es a ver tu vida y darte cuenta si está rendida al Señor en toda área, si no es así, el llamado es a rendirte a Él, y reconocer tu condición ¡Ese es el primer acto de adoración! No es solo vivir diciendo, sino vivir conforme a la obra del Hijo de Dios en el calvario. Una obra a favor del pecador, que ha fallado y ha acarreado para sí el castigo ¡Pero en Jesús hay perdón y salvación si te acercas en arrepentimiento! Búscanos en Facebook como Iglesia Sobre La Roca Delicias.