Delicias

El amor también nace entre rejas

Una historia de amor en el penal de Delicias

Fernando Martínez Cabral / Editorialista

domingo, 22 enero 2023 | 15:17

Vaya mi agradecimiento al licenciado Édgar Itamar Rivera García por este espacio de tan prestigiada Casa Editora y a usted que se toma el tiempo por leer esta historia.

El penal de Delicias se inauguró el 30 de septiembre de 1962 y se clausuró el 17 de agosto de 2014, esta lección de vida que a continuación publico se dio en este lugar, los nombres fueron cambiados pero las áreas mencionadas son de esta ciudad. 

Comenzamos...

Estar sola era para ella algo que su infancia, adolescencia y juventud no le enseñaron a superar, era una pesada carga. Los días pasaban igual todos, la sensación agridulce de no tener horarios qué cumplir como lo había hecho durante casi 30 años de trabajo, no satisfacía a su yo interno, sentía, y eso le mortificaba, que algo le faltaba y que su realidad actual no era lo que ella pensaba que iba a ser. Cesar de pronto la actividad de ser esposa, madre, profesionista y ama de casa, le causó una descompensación en el alma. No era vieja, y lo más importante era que no se sentía como tal, tenía la conciencia de que aún podía y debía realizar muchas cosas. Todos en la vida tenemos una misión, -pero, ¿solo una?- pensaba Laura y se resistía a creerlo así.

Había pues que cambiar esos días grises, a los que no quería acostumbrarse, por días soleados, alegres, de colores vivos y de convivencia con los demás seres humanos. Salir, dejar su templo para no ser una diosa solitaria y pertenecer mejor al común de la gente, podía hacerlo y quería hacerlo.

Recordaba que en su juventud había con ella amigas y amigos, pero hoy nadie la acompañaba y eso tenía que remediarlo.

Aunque no era su costumbre usar el internet de manera frecuente, salvo para alguna información requerida o noticias, prácticamente era mínimo el uso de su correo electrónico y casi nula la socialización con alguna o algún chatero; sería esto lo que sin saberlo habría de cambiar su vida y le acercaría a lo que ya era su propósito, modificar su actual existencia.

Una vez platicando su inactividad diaria con una conocida del chat, se enteró de que esa persona era parte de un grupo altruista que llevaba a los internos del penal diferentes artículos como: cobijas, ropa y alimentos; esto le provocó cierta curiosidad e interés, así que le preguntó que si ella también podía colaborar en eso y así dar a su vida de jubilada algo de sabor, algo de vida.

Tenía cobijas, tenía ropa y tenía alimentos que podía compartir con otros seres humanos que carecieran de eso y que a ella no le hacían mucha falta, al fin que estaba sola.

Sabía que la cárcel existía, pero no había pensado nunca asistir a un lugar de ese tipo. Jamás se le ocurrió preguntarse cómo era un penal, imaginaba que al interior de una cárcel todo era peligroso y depresivo, aunado a los sólidos principios que sus padres le inculcaron, motivos por los que creyó que no se vería en la necesidad de acudir a un sitio así y así intuía que era.

Varios días trajo en mente la inquietud respecto a su participación en la nueva misión que se había impuesto y que se le presentaba de pronto.

A través del chat se puso de acuerdo con la persona que estaba involucrada en la actividad de la cárcel para ir a platicarlo. Todo quedó en que al día siguiente, que era sábado, iría a verla.

Un día después, a media tarde, tomó su camioneta y se dirigió a la dirección que su amiga le había dado, invitándola a tomar café y comer galletas.

La casa a la que llegó era bonita, bien atendida, con jardín al frente, y a su sentir con buena vibra. Tocó la puerta y al recibirla una mujer, preguntó: ¿Tu eres Alejandra?, soy Laura.

Sí Laura, pasa, te esperaba, bienvenida.

Era una sala no muy espaciosa, pero de cierta elegancia, una mesa de centro de superficie de vidrio, sillones cubiertos del color de moda, el chocolate, y un sillón reposed de igual tono.

Laura, cohibida, se sentó casi encogida, Alejandra le pidió que se relajara, diciéndole que estaba en su casa, que se sintiera cómoda y en familia, Alejandra era muy amable.

-Ale, ¿me permites decirte así?.

-Claro que sí, de hecho así me dicen, el nombre es muy largo, jajaja.

-Pues Ale, el motivo de mi visita es conocerte personalmente y manifestarte mi deseo de ser otra integrante de tu grupo que lleva especie a la cárcel.

-Qué bueno, fíjate que desde que hago eso me siento mejor como persona. 

-Oye Ale y ¿no es peligroso ir ahí?, ¿has entrado hasta el fondo?, creo que no ha de ser muy agradable.

-No Laura, no es como crees, pero dime, ¿cómo te lo imaginas?

-Uy, pues creo que es un lugar deprimente y de dar miedo, ¿qué sé yo?

-No, no es así, en ese lugar hay personas como tú y como yo, claro que con muchas necesidades, tanto materiales como emocionales y sicológicas, pero seres humanos al fin.

A medida que se desarrollaba la conversación, más interés despertaba en Laura aquel deseo de conocer y ayudar a seres que ella no ubicaba adecuadamente y prejuiciaba de forma general.

-Mira Laura, el próximo martes, ¿tendrás tiempo?, vamos a llevar ayuda al penal, ya que también se va a desarrollar un oficio religioso.

Continuará...