Delicias

EL QUE A HIERRO MATA A HIERRO MUERE.

LOCAL

José Ángel Barraza/El Diario

martes, 13 octubre 2020 | 18:02

EL hombre corría desesperadamente (momentos antes había sido sorprendido en una cama ajena por un marido furioso),  en su mano   derecha llevaba el pantalón que había tomado apuradamente cuando oyó gritos de ira, que lo amenazaban de muerte a él y a la mujer con la que estaba. 

Se había escapado por la ventana pero poco después oyó que corrían atrás de él en una obvia persecución. Había una luna de octubre, enorme, dorada, que hacía clara la noche y que le dificultaba ocultarse. El sujeto corría semidesnudo, en cortos, en su entrepierna sentía caer gotas de semen, ya que no había terminado el coito sexual y aún persistía la erección del  órgano masculino. Conforme avanzaba iba dejando casas habitación y se adentraba entre viejas bodegas en desuso. 

Giraba el rostro hacia atrás tratando de ubicar a quien lo perseguía y aunque no los distinguía se dio cuenta que estaban cada vez más cerca. Oyó que hablaban entre sí y supo que eran dos. Se sintió cansado abrió la boca para jalar  aire, desesperadamente buscaba un lugar para esconderse, algún sitio que le ofreciera refugio, distraído en esto ni cuenta se dio del cerco de alambre de púas que estaba adelante hasta que se vio atrapado en él.

Sintió el dolor en varias partes de su cuerpo y como pudo se zafó, ya no intentó correr, enfrente de él estaban dos hombres y en sus manos brillaban las hojas de los puñales que empuñaban.

Oyó sus palabras de odio y las mofas que hacían de sus genitales, aseverando que se los cortarían.

Enredó el pantalón en su antebrazo izquierdo, como defensa para los golpes que le lanzaran y con su mano derecha sujetó firmemente el cinto.

Se le acercaron en silencio y comenzó la desigual pelea. El acorralado brincaba de un lado a otro esquivando los ataques de sus contrincantes, de pronto sintió que un cuchillo rebanaba parte de la palma de su mano que le hizo soltar el cinto; otro golpe le cortó la nariz a la mitad. Levantó su antebrazo izquierdo tratando de cubrirse el rostro, al hacerlo sintió que un cuchillo penetraba por su axila llegando al corazón, cayó muerto instantáneamente.

Otro día decenas de curiosos se arremolinaban junto al cuerpo tratando de identificarlo y comentando la supuesta razón del crimen. Entre la gente se abrió paso con desesperación un hombre que al estar junto al muerto exclamó:

Ay, hermanito el que a hierro mata a hierro muere!

Esto lo decía porque el difunto había salido huyendo de las Nieves, Durango, cuando sorprendió a su mujer en brazos de su amante y los mató a ambos.