Delicias

Los niños pescadores fantasmas del vado de Meoqui.

Octubre de Historias y Leyendas

Sarahí Meléndez Rodíguez/El Diario.

miércoles, 05 octubre 2022 | 20:30

Meoqui es uno de los municipios más antiguos que conforman la región centro sur del estado, por lo cual es un lugar lleno de leyendas, historias y misterios. Tal es el caso de los niños pescadores fantasmas del vado de Meoqui, quienes murieron ahogados mientras buscaban su alimento y su alma sigue penando por las aguas del río San Pedro. 

Dicha leyenda relata que cuando el barrio nuevo empezaba, un par de hermanitos llamados Luis y Jesús de 11 y 9 años respectivamente, solían ir todas las tardes al río, justo en la zona donde se hacía un recodo alto y profundo, donde trepaban un álamo que se encontraba en la orilla y que al estar inclinado era fácil de subir. 

Ahí preparaban sus anzuelos de maza de maíz, la cual utilizaban como carnada, pescando en pocos minutos varias carpas de un tamaño regular, las cuales serían su alimento del día. De camino a casa con los pescados al hombro, reían y jugaban después de trabajar arduamente para obtener su comida.

Fue un día que los pequeños pescaban como de costumbre, cuando Jesús resbalo del árbol donde siempre subían, siendo una altura considerable este se hundió al caer, para salir a los pocos minutos manoteando desesperadamente.

En cuestión de segundos Jesús ya no salió del agua, por lo que Luisito desesperado y sin saber cómo reaccionar, sin pensarlo dos veces se lanzó al agua en busca de su pequeño hermano. Desgraciadamente los niños escogían un lugar solitario para pescar, por lo cual fue imposible que alguien se percatara de la situación y pudiera auxiliarlos.

Al caer la noche, los padres de aquellos pescadores se alarmaron y salieron en su búsqueda, llegando al sitio que frecuentaban los niños y donde solo se encontraban las pertenencias de sus hijos. La búsqueda continuó ahora dentro del cuerpo de agua, donde podrían apreciarse en el fondo, entre las raíces de los grandes árboles, los pequeños cuerpos. 

Cuentan que desde aquel fatal suceso, a media noche se puede observar a los hermanos con sus carrizos al hombro por las calles mientras ríen, juegan y platican, o bien en el río San Pedro en busca de comida, como solían hacerlo en vida.