Delicias

Panadería La Princesa de los Limón, 48 años haciendo pan de muerto

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Jesús C. Aguirre Maldonado/el Diario

martes, 26 octubre 2021 | 10:37

Panadería La Princesa, de la familia Limón, en el círculo del Mercado Morelos conserva desde hace 48 años la tradición del pan de muerto con la receta tradicional del jefe de la familia Eduardo Limón Juárez, que en paz descanse, desde hace 15 años y manejan cuatro tamaños desde el individual.

Marcos Limón, hijo del finado y quien está al frente del negocio, dijo que desde los inicios de la panadería y hasta la fecha, se sigue haciendo el pan de muerto con la receta original de su señor padre.

Mencionó el entrevistado que la gente sigue consumiendo el pan y nomás está esperando el día para consumirlo.

Ellos en La Princesa manejan cuatro: el individual, pan chico, mediano y grande.

El personal cuesta 15 pesos, el chico 25, el mediano 45 y el grande 70 pesos, todos elaborados con la receta tradicional de su padre.

Al acercarse el último tercio del mes de octubre las distintas panaderías de Delicias, empiezan a elaborar el pan de muerto que tiene mucho mejor sabor que el que se hace en los centros comerciales, este de más baja calidad.

La tradición del pan de muerto se sigue conservando y haciendo en hornos de ladrillo o de leña, de estos últimos que casi ya no hay.

EL ORIGEN DEL PAN DE MUERTO 

En la época prehispánica se hacía la "papalotlaxcalli" o pan de mariposa, que era exclusivo de esta ceremonia, era como una tortilla a la cual se le imprimía a la masa aún cruda un sello en forma de mariposa.

Las ofrendas de muertos tienen su origen en las culturas prehispánicas. Una ofrenda similar a la actual de día de muertos era la de la diosa Cihuapipiltin, dedicada a las mujeres que morían del primer parto, se creía que rondaban por el aire causando enfermedades entre los niños, por ello les hacían regalos en el templo o en las encrucijadas del camino. 

Las ofrendas consistían en "panes" de diversas figuras como mariposas o rayos (xonicuille), hechos a base de amaranto y "pan ázimo" que era un pan de maíz seco y tostado, Sahagún lo describe así por no llevar cal, a este pan se le llamaba yotlaxcalli, otros ofrecían unos tamales (xucuientlamatzoalli) y maíz tostado llamado Izquitil, casi toda la ofrenda era de amaranto porque lo consideraban un alimento especial.

Relata fray Diego de Durán en su crónica sobre la ofrenda de Huitzilopochtli, que las personas en esta celebración "no comían otra cosa que no fuera tzoalli con miel", con dicha mezcla a base de amaranto y miel de avispa o maguey, hacían un gran ídolo a imagen del Dios, lo adornaban y vestían, de igual manera elaboraban huesos grandes que depositaban a los pies del ídolo, además ofrendaban otros "panes" como tortillas pequeñas; pasada la fiesta se los dividían para comer.

El pan de muerto, como ahora lo conocemos, se elabora prácticamente en todo el país y en cada estado le imprimen su sello propio.

Pues hay panes con los tradicionales huesos, de diferentes formas y tamaños y hasta con formas humanas.

Los hay redondos, cuadrados, ovalados, desde algunos gramos hasta varios kilogramos de peso.

Adornado con su canilla de la misma masa, espolvoreado con azúcar blanca y en otras poblaciones con azúcar rosa que recuerda el uso ceremonial del color rojo en la época prehispánica, que representa una tumba con un cráneo y varias canillas entrecruzadas que simulan los huesos, sustituyó al Zompantli.