Delicias

Se cumplen 87 años de la municipalización de Delicias

Se logró apenas 9 meses después de que se trazara su primera vialidad

CARLOS GALLEGOS/EL DIARIO

viernes, 07 enero 2022 | 10:07

Como bien dijo el inspirado vate: es un soplo la vida.

Hoy hace 87 años que la Comisaría de Delicias, dependiente de Santa Cruz de Tapacolmes, actualmente Rosales, fue reconocido por el Congreso del Estado como un nuevo municipio de Chihuahua.

Apenas nueve meses después de que se trazara su primera vialidad logró ese hito, principalmente a base de canilla y trabajo, de empeño en el surco, de desafiar aquel clima gélido, caluroso, airiento, polvoso, seco y en apariencia poco propicio para un asentamiento humano.

Sólo en apariencia. La verdad es que los fundadores sabían muy bien lo que estaban haciendo.

Sabían que debajo del gatuñal inmenso, de aquel páramo semi desértico, de aquel horizonte de soledad y de mezquites, de guamis y huizaches, de un cielo azul alto y sereno, había un tesoro esperando que la mano empeñosa e invencible llegara a conquistar su fruto esquivo.

Y esa mano, esas manos, fueron las de los fundadores audaces, las de las fundadoras tenaces que, provenientes de latitudes cercanas y lejanas, otearon un futuro menos duro, a cambio de que le entregaran sus ganas, de que no les importara que su cuerpo se drenara con los calorones del verano sofocante, de que su piel fuera tostada por aquel sol incandecente, de que el frío partiera su cara, de que sus manos se agrietaran, que sus ojos fueran lastimados por las borrascas de abril.

Los hombres hicieron lo suyo: desmontaron, sembraron, trazaron, construyeron con sus dotes innatos de albañiles, de carpinteros, de aventureros encantados ante la posibilidad de encontrar un nuevo hogar que compensara la aventura de haber abandonado sus lares nativos.

Las mujeres no les fueron a la saga en nada.

Alimentaban sus magras viviendas dándoles calor con las barañas que acarreaban de las lomas, atizaban la lumbre que guisaba la liebre cazada en un descuido, el conejo que del matorral terminaba en la hoya hirviente, el quelite y la verdolaga silvestre, la tortilla esponjosa y sabrosa que olía en el comal colocado sobre dos piedras.

Ahorraban el gasto del agua acarreada de los ríos Conchos y San Pedro, a veces en botas de lona terciadas en los lomos del burro manso, a veces en botes de lámina delgada unidas por un alambre, terciadas sobre sus mismos sus hombros doloridos.

El albur se lo jugaron y nació Delicias con sus casas de adobe, sin cimientos, casas que desafiaban lo que hubiera que retar para que se duraran para siempre.

Y aquella lucha colectiva conquistó la atención del gobernador en turno, de los diputados locales, de la Federación, que sin mayores trámites avalaron que el 7 de enero de 1935 surgiera otra municipalidad en la geografía chihuahuense.

Así que le dieron las gracias a Rosales, que les había permitido casarse en su Registro Civil, sepultar a sus muertos en su panteón, ostentar temporalmente su gentilicio.

Así fue como Manuel Chávez Fernández, oriundo de Camargo, recibió el honor de ser el primer alcalde, y de ahí en adelante es historia conocida: los habitantes de aquel pueblo de tierra siguieron su ruta de vida, su destino a veces feliz, a veces no tanto, su peregrinar por el valle de luz y sombras que es este mundo nuestro.

Miren: me contagió el vate del tango aquel.